Uno de estos días se ha cumplido el 135 aniversario de "La Mañueta" la churrería más antigua de España que está en el centro de Pamplona y que hoy en día sólo abre para las fiestas de San Fermín y en Octubre, creo. Las declaraciones de Paulina, la dueña, me han llegado al alma, son una declaración de principios de la buena gastronomía. El secreto de sus churros, dice ella, está en el fuego, un fuego hecho con "nuestras" hayas y cortadas con hacha, si no no arde igual y el churro no queda frito sino recocido. Harina de trigo duro de secano. No tengo idea de cuanto hacen pagar por los churros en "La Mañueta" pero lo que sea será barato.
Al pensar en la churrería he recordado cuando este verano los chicos de enlamesa.com "me invitaron" a pasar unos días por Pamplona fue allí donde entre pincho y pincho me hicieron la propuesta de crear esta página. |
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No creo que hayan diferencias entre lo que en algunos sitios se llaman pinchos en otros tapas y en otros montaditos, ni los pinchos tienen que llevar palillo, ni las tapas tapan nada. Todo forma parte de lo que se ha dado en llamar con acierto la cocina en miniatura. Muchos llevan pan como soporte pero otros muchos llevan otro tipo de soporte o no llevan ninguno.
Empezamos el recorrido por Pamplona que es donde estábamos instalados. Los bares y restaurantes se concentran en un par de calles.
La primera impresión es que comer en Pamplona es caro, no hay menús de 8, 10, 15 euros como en otras ciudades. Los pocos que ví no son dignos de llamarse menús. El menú cuesta 20, 25, 30 o más euros pero en compensación tienes toda la carta para escoger los dos platos y el postre o sea que se debería comparar con el precio de carta, no del menú, de otros lugares y entonces |
sale incluso más económico. ¿Pero que ocurre cuando se quiere comer barato?, pues a por pinchos, que por otra parte tampoco sale tan barato.
El primer día fuimos a tomar el vermut a un bar de la calle de San Nicolás, había un ticket de caja abandonado en la mesa y como el que no quiere la cosa le di un repaso rápido "Póngame una cerveza y un Marianico", ni idea de lo que era el Marianico, pero se pedía mucho. Todos los demás pidieron su bebida y un pincho, yo me encontré con una cerveza y un vermout con aceituna. "Quería saber lo que era", defendí con gallardía, ante la mirada atónita de los chicos de enlamesa.com.
Las dos comidas siguientes consistieron en esos menús-carta que he comentado que no dejaron huella, apenas puedo recordarlos, el más barato, el del café Iruña, el de Hemingway, rozaba la comida-batalla, aunque su decoración e historia literaria bien merecían la visita.
A la segunda noche decidimos lanzarnos a por pinchos, uno en cada bar. Ya en el segundo vi que la cosa no iba a funcionar, a tiempo descubrí la existencia del Zurito (pues un culín de cerveza, y que va a ser) que me salvó la noche.
La cocina en miniatura comparte con la comida china el misterio de lo que comes, la mayoría de las veces no sabes ni como se llama, señalas con el dedo. Un recuerdo grato para un pincho formado con dos trozos de tortilla de patatas y entre los dos una ensalada de surimi con mayonesa, más grato hubiese sido en lugar de surimi, cangrejo o similar. Un recuerdo ingrato para el penúltimo pincho que consistía en un trozo de jamón seco y ahumado al humo del tabaco de la barra cubierto por una anchoa (anchoíta) sometida al mismo tratamiento. Homenaje a la pésima combinación de sabores basada en el común pensamiento de si el jamón es bueno y la anchoa también, los dos juntos deben ser la hostia. |
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Al día siguiente, seguimos la ruta por Donostia, lo difícil era encontrar un rincón en una de esas barras repletas de apetitosos y variados pinchos. Por lo general se distinguen en el precio y en el diseño los pinchos tradicionales de los pinchos de autor.
Para alguien como un servidor que no le gustan los pimientos las posibilidaes se reducen drásticamente. Aunque siempre quedará la tortilla de patatas.
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