Ponche de Navidad

Siempre he pensado y mantenido que al viajar a un país extranjero se debe de estar abierto a conocer y a compartir, en la medida posible, las costumbres locales; esta actitud nos ayudará a comprender mejor a nuestros interlocutores y a disfrutar mucho más de nuestra estancia. Ya David Hume, el conocido filósofo escocés, escribió en una ocasión: "la costumbre constituye la guía fundamental de la vida humana", yo, por mi parte, he tratado de mantener esa máxima en todos mis periplos, y creo poder decir que en la mayoría de las ocasiones lo he conseguido.

Sin embargo, por mucho que se quiera uno integrar en las costumbres de los lugareños, siempre tendremos algunas reticencias cuando se trata de hablar de comidas.

Cuando hace un tiempo visité a mi amiga Mönika en la hermosa ciudad de Munich me llamó la atención la cantidad de carne (especialmente de cerdo) y patata que los alemanes incorporaban a sus comidas en detrimento de la pasta. Al preguntar sobre si tendría posibilidades de comer pescado, uno de los alimentos básicos en mi dieta, mi anfitriona se congratuló a la hora de comunicarme que si bien en Alemania no era una comida demasiado popular, en zonas como las tocantes con el mar Báltico o en Baviera, donde nos encontrábamos, lo podría degustar sin dificultad… y ciertamente aconsejo a cualquiera que se desplace a esa zona de Alemania que no deje pasar la oportunidad de probar las truchas y sus múltiple formas de cocinado.

Sin embargo permitidme, al menos por esta vez, que no decante mis pasos por el área de  la comida sino que los dirija hacia la bebida, otra de las facetas que pretende explorar mi maestro y sin embargo amigo, Romero Godoy.

Mi viaje a Munich se desarrolló durante las primeras semanas de Diciembre, de forma que pude disfrutar, sino bien puramente de la Navidad, si del periodo de Adviento que la precede, de manera que tuve la oportunidad durante mi estancia de ver su famoso mercado, donde se pueden encontrar los más variados elementos navideños.

Ni que decir tiene que el clima de Munich durante el mes de diciembre no invita a efectuar según que actividades. Las temperaturas bajo cero son lo más normal y habitual del mundo y un simple paseo puede convertirse en un auténtico reto si la dura climatología se ve reforzada por el viento y la nieve.

El sagaz lector ya habrá podido imaginar por la introducción  que mi visita al mercado navideño de la ciudad se vio complicada con una nevada que, aunque no copiosa, no cesó durante horas. En esas condiciones, con más frío que vergüenza, se encontraba este que suscribe cuando frente a sus ojos surgió un rayo de esperanza; en un pequeño tenderete se ofrecía a precio módico una bebida caliente que los alemanes consumían de forma compulsiva.

Mis esperanzas se vieron confirmadas cuando mi amiga, tras charlar brevemente con la oronda valquiria a la que parecía pertenecer el tenderete, me ofreció un vaso de aquel extraño y aromático elixir. Tras tomar un primer sorbo comprobé que el calor y la vida regresaban de nuevo a mi cuerpo.

Poco después supe lo que había bebido; se trataba de GLÖGG, un típico vino de Navidad que los alemanes lo consumen no solo en esa época, sino durante todo el invierno, y aunque la preparación puede resultar un tanto complicada los resultados son más que satisfactorios.

Por cortesía de mi amiga paso a referir la receta de esta bebida, aunque luego daré otro “Vino de Navidad” mucho más simple en su preparación pero también muy reconfortante.

Para la receta del GLÔGG deberemos buscar una cazuela de gran capacidad; poner a calentar ¼ de litro de agua, en ella pondremos una gasa en la que introduciremos de 8 a 10 clavos (de especia, claro) enteros, de 8 a 10 granos de cardamomo previamente machacado, seis ciruelas sin hueso (secas), unos palitos de canela, un pellizco de jengibre, y la ralladura de media naranja. Eso deberá estar cociéndose durante 30 minutos después de que el agua empiece a hervir.

Retiraremos entonces la gasa y echaremos en el agua que nos ha quedado unos 120 gramos de azúcar moreno, dos botellas de jerez dulce, una botella de vino blanco y 120 gramos de pasas secas. Hay que removerlo todo hasta que el azúcar este bien disuelto.
Sacaremos entonces la cazuela del fuego y la dejaremos reposar tapada durante una noche (unas 8 ó 9 horas).

Al día siguiente añade unas almendras crudas y lleva a toda la mezcla al fuego de nuevo. Cuando la mezcla esté muy caliente pero sin hervir añade 3 ó 4 vasos de vodka, aguanta la cazuela un par de minutos más en el fuego. Ya tenemos nuestra mezcla preparada. Hay que recordar que siempre debe servirse caliente pero nunca hirviendo.

Otra manera más sencilla de preparar un Vino de Navidad es la siguiente: Colocaremos en una cazuela un litro de zumo de manzana (sencillo de encontrar en cualquier supermercado), un litro de vino blanco y un palo de canela. Lo dejaremos todo esto hervir durante unos 5 minutos. Añadiremos entonces una cucharadita de nuez moscada, dos cucharadas de miel, tres cucharadas de limón, un poco de ralladura de limón y medio litro de zumo de piña (sencillo también de encontrar). Lo llevaremos todo a ebullición de nuevo y lo aguantaremos así otros cinco minutos.

Nuestro “ponche” ya está listo, deberemos servirlo en una sopera y antes de presentarlo sería interesante cortar unas rodajas de naranja y dejarlas flotar en nuestro “elixir”. Si queréis proporcionar más sabor a nuestro Vino de Navidad hay dos soluciones: la primera es colocar en cada copa a la hora de servir un palito de canela y la otra es que en el momento de cocción en vez de poner tan solo un palo de canela poner dos.

Cuando Antón Pavlovich Chéjov, posiblemente fruto de la tuberculosis que le consumía, describió el invierno en sus obras lo hizo de manera oscura, yerma y donde no se podían concebir anhelos ni ilusiones porque todo era desconsuelo. Ciertamente quizá no sea por si misma la estación del optimismo ni de la certidumbre pero aun así podemos convertirla y saborear de momentos agradables. Si la felicidad, como dicen, se encuentra en las cosas más simples… ¿Por qué no aprovechamos estas recetas para buscar una buena excusa de reunirnos con nuestros amigos  y disfrutar junto a ellos de un ponche caliente?... Hay millones de cosas que aún nos quedan por hablar…

 

Stephen (una fría noche de diciembre 2007)